Las elecciones parlamentarias en Israel han conducido a la sorpresiva situación en la que los partidos árabes se constituyen en la clave para la formación de un nuevo gobierno.
La razón de ese estado de cosas es que ninguna de las principales formaciones alcanzó a obtener los 61 escaños que confieren la mayoría, sin la cual, ni la coalición que respalda a Benjamín Netanyahu ni la opositora, que apoya a Gadi Einsenkot, puede legítimamente formar gobierno.
En esa situación, las agrupaciones árabes: Lista Conjunta y Ra’am, que obtuvieron 19 escaños (un incremento del 90 por ciento con respecto a su posición anterior, de solo 10 curules) quedan en una posición clave para la constitución
de un nuevo gobierno.
Contra la discriminación
Conforme a la Constitución del estado, los pobladores árabes son una minoría que goza de plena ciudadanía israelí desde 1952. Son electores y elegibles, aunque exentos del servicio militar obligatorio.
Como ciudadanos, tienen la potestad de participar en política y lo hacen agrupados en la coalición Lista Conjunta y la entidad islamista moderada Ra’am. Su avance, al pasar de 10 a 19 representantes es considerado por el diario español El País “como una victoria de los partidos árabes de Israel, con un récord de escaños frente al racismo y la discriminación.




