La histórica derrota de los republicanos en las elecciones legislativas de este martes, un auténtico tsunami demócrata, deja muy debilitado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que afrontará los dos últimos años de su mandato en la Casa Blanca tratando de sobrevivir políticamente y de preservar su legado.
El perímetro de la Casa Blanca, vallado desde hace meses para evitar protestas, amaneció este miércoles con un grupo de activistas que celebraban la contundente victoria demócrata al ritmo de la música y con carteles, entre ellos uno que rezaba “pato cojo”.
La expresión, habitual en el argot político de Washington, describe a un presidente que no puede aspirar a la reelección y afronta la recta final de su mandato con una capacidad de influencia menguada, especialmente cuando tiene enfrente a un Congreso hostil.
La definición le viene como anillo al dedo a Trump después de que la oposición demócrata superó todas las expectativas y conquistó el control de ambas cámaras del Congreso, con victorias históricas en estados que parecían inexpugnables, como Texas o Kansas.
El triunfo en la Cámara de Representantes, que abre la puerta a que el demócrata Hakeem Jeffries se convierta en el primer afroamericano en presidirla, supone el mayor avance demócrata desde 1974, tras el escándalo Watergate.
El seminarista James Talarico se convirtió en el primer demócrata en ganar un escaño en el Senado por Texas en 38 años, mientras que en Kansas hacía casi un siglo que no se imponía un candidato de ese partido para la Cámara Alta.
La noche electoral dejó también como resultado que Georgia tendrá con la demócrata Keisha Lance Bottoms a la primera gobernadora afroamericana del país; Nuevo Hampshire, con Chris Pappas, al primer senador abiertamente homosexual, y Texas a su primera gobernadora latina: Gina Hinojosa.




