El Ayuntamiento de París ha entregado este martes a la familia del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura de 1967 y precursor del realismo mágico, las cenizas que han permanecido en la capital francesa durante 52 años, en una emotiva ceremonia previa a su repatriación a Guatemala.
Su hijo, Miguel Ángel Asturias Amado, recibió la urna de manos de Andrey Pulvar, representante del Ayuntamiento, y se abrazó a ella entre lágrimas, acompañado en todo momento por su pareja, la socióloga guatemalteca Beatriz Barrera.
La familia quiso agradecer a París el cuidado y la acogida que brindó al escritor y a sus restos desde su fallecimiento en Madrid, el 9 de junio de 1974.
“Durante el exilio, comenzó a ser un escritor universal. Iba a muchos países, pero siempre volvía a Francia. Todos sus exilios acababan en Francia”, recordó su hijo, que destacó el profundo vínculo de su padre con el país y, especialmente, con París, donde fue embajador de Guatemala, se reencontró con su amigo Pablo Neruda y llegó a presidir el Festival de Cannes. “El amor que Francia le tuvo fue mutuo”, resumió.
El acto reunió a representantes institucionales y diplomáticos, entre ellos los embajadores de España, Paraguay y Uruguay en Francia, así como al ministro guatemalteco de Cultura y Deportes, Luis Méndez Salinas, y al nieto del escritor, Sandino Asturias, presidente de la fundación que lleva su nombre.




